Íbamos con la idea de ir a Toulouse, visitar la ciudad y alrededores, visitar a unos amigos que conocimos en el viaje a Perú y que nos enseñaran algunos de los secretos de foie gras. Así que reservamos para el puente un hotel en el centro de Toulouse, pero cuando enviamos un mail a los amigos franceses para decirles que íbamos nos contestaron que de hotel nada, que íbamos a su casa que si queríamos ver Toulouse, que nos quedáramos la primera noche en el hotel pero que el resto de días teníamos que ir a su casa en Mauvezin. Todo el que ha hecho la mili sabe que las órdenes no se discuten.
Así que el jueves cuando llegamos al mediodía ya nos estaban esperando en Toulouse para hacernos de guía Annie y Daniel. A la hora que era y teniendo en cuenta que estamos en Francia, lo primero que hicimos fue dar una vuelta corta por los alrededores del hotel y comer. Por la tarde nos siguieron enseñando Toulouse hasta que se hizo tarde y se fueron a su casa. Nosotros seguimos visitando la ciudad hasta que se hizo la hora de cenar.
Él viernes habíamos quedado por la tarde en Mauvezin, así que aprovechamos para entrar al hotel d´Assézat, que es una casa impresionante de un comerciante del pastel (la planta que se utilizaba para fabricar el color azul pastel), con numerosas pinturas algunas de ellas de artistas de primer orden.
Una de las cosas que llama la atención de Toulouse es que los edificios antiguos, del siglo XVI y alguno incluso del siglo XIII, están hechos de ladrillo rojo, yo imaginaba que todos los edificios de esa época eran de piedra, pero en Toulouse por lo visto no tenían una cantera de piedra cerca y ya en esa época hacían los edificios de ladrillo, lo que confiere a toda la ciudad un tono rojizo.
Hacía las 12.00 horas empezamos a fijarnos en los restaurantes para ver si ya era hora de comer, ya que en Francia es difícil que te den de comer decentemente fuera de horas. Los restaurantes pasaron directamente de estar vacíos a completos en cinco minutos, así que fuimos preguntando por diversos restaurantes hasta que finalmente decidimos esperar en uno a que quedara alguna mesa libre, porque ya nos veíamos comiendo en un McDonald's.
Por la tarde fuimos a Mauvezin a casa de Annie y Daniel y ya nos esperaban, como les habíamos dicho que queríamos conocer algo de la gastronomía del foie y del pato, habían ido a comprar dos patos, con su hígado y todo, para mostrarnos como elaborar los diversos manjares del animal. Annie me mostraba como hacerlo con un pato y yo aprendía con el otro.
Primero preparamos los hígados haciendo una conserva de foie. Se quitan las venas principales del foie, se salpimienta con unas medidas muy precisas: 3 grms de sal por quilo de hígado y una pizca de pimienta. Se ponen en el tarro de conserva y se calientan al baño maría durante una hora y media más o menos. Esta conserva aguanta hasta dos años tranquilamente nos dijeron, de hecho mejor comerla de un año para otro.
A continuación hicimos el despiece de los patos, sacando las patas y las alas para el confit, el cuello, la carcasa y los magret, guardando toda la grasa para hacer el confit. Los magret los congelamos y el resto lo preparamos para hacer confit dejándolo en sal hasta el día siguiente.
Llegó la hora de cenar y como no saboreamos un foie mi-cuit y una cassoulet con su confit.
Al día siguiente preparamos el confit, primero deshaciendo la grasa, que como es la que se acaba de sacar del pato y todavía tiene algunos trozos de carne al final se sacan los croustones. Después se ponen todas las piezas que se han salado para el confit, después de sacar el exceso de sal, en la grasa fundida, dependiendo de las piezas entre 10 y 20 minutos, a fuego vivo. A continuación se reparten las piezas en tarros de conserva y se llenan hasta la mitad con la grasa fundida. Después se esterilizan las conservas durante dos horas al baño maría en un hervor fuerte.
Dimos una vuelta para conocer Mauvezin con Daniel y Lucie, Annie se quedó vigilando que no pasara nada con el confit. Es un pequeño pueblo de unos mil habitantes rodeado de bosques y de campos de cultivo, con su monumento, como en todos los pueblos de la zona, a los caídos en las dos guerras mundiales. Después hicimos una comida suave, también a base de foie y pato (esta vez a la parrilla), ya que por la noche teníamos que ir a cenar a casa de Josy y Francisco.
Por la tarde fuimos a ver otros pueblos de la zona como Cologne, donde hay una plaza que recuerda a las de Castilla excepto porque tiene una zona cubierta en el centro, y otro gran Castillo de un comerciante del pastel (nunca me hubiera imaginado que eso diera tanta pasta). Y finalmente a cenar a casa se Josy y Francisco en Gimon, que nos recibieron, como no, con Champagne. Gimon tiene una zona de mercado cubierta por la que pasa la carretera por el centro. La cena se basó en el magret de pato, a este paso nos saldrán alas de tanto comer pato. Pasamos un rato agradable y nos fuimos a dormir a Mauvezin.
El domingo por la mañana, de noviembre a abril es día de mercado del foie y del pato en Gimon, es realmente curioso de ver. Se hace en una nave grande, que tiene una zona especial refrigerada para el foie. Abren a las 10.00 y ya están todos los vendedores preparados con la mercancía expuesta. Se vende el foie, el pato sin el foie y el pato entero con su foie y todo si quieres. A las 11.00 ya se termina el mercado, entre otras cosas porque ya no queda nada por vender. Allí mismo te despiezan el pato, pagando dos o tres euros extra, es digno de ver a que velocidad trabajan, hacen en tres minutos lo que yo tardé una hora el día anterior.
Volvimos a comer en casa de Josy y Francisco, con otros amigos que vinieron, esta vez foie fresco a la plancha, liebre, patatas fritas en grasa de pato y más platos que ya no recuerdo, todo un banquete, para terminar como siempre: ensalada y quesos.
Al terminar la comida ya fue hora de despedirnos y volver a Barcelona, ahora les toca a ellos visitarnos.